
Pequeña:
extiendo mi mano para entregarte mi niñez, aquella que jugaba en el jardín, y la tuya hoy pasea por unas monedas en vagones de trenes.
Puedes llevar mis muñecas, mis rayuelas y el dulce de frutillas que preparé anoche.
Los ángeles de luz, regalo de tía Clara, para que te acunen.
Los caracoles de Necochea para que te acerquen el sonido del mar.
El silencio de esta casa para descubrir tu interior.
El fuego para que seas apasionada.
El agua para ser permeable.
El aire para hacer crecer tus ilusiones.
La inquietud para mantenerte siempre activa
La resistencia para sortear las dificultades.
La desprolijidad para que tomes un respiro.
También te regalo, mis ojos de duende para que mires el mundo.
Mis manos de escultora para modelar tu vida.
Mi corazón enamorado para los buenos afectos.
Mis sueños de viajera.
Mis antiguos bailes.
Mis risas agotadas.
Por último mi gato siamés
y esta vieja bata roja para que no me olvides.