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LO IMPOSIBLE COMO INCENTIVO SEGÚN LUIS ALBERTO BATTAGLIA....

PIMPI

En mis prácticas de estudio me tocó trabajar con estos nenes. Voy a contar de uno, Pimpi. Cuando conocí a Pimpi venía de ser un desahuciado. Me lo presentaron junto con la advertencia "nada se puede hacer con él". La palabra "imposible" es para mí un incentivo y entonces me dije "Luis a lo tuyo". Y empecé a observar a Pimpi. Lo primero que noté fue que cuando lo trataban querían llevarlo a un lugar, pero nadie se trasladaba al lugar de Pimpi.

No miré toda vía el video de abajo de la nota porque me despertó este recuerdo sólo ver la carita del nene. Entonces voy a seguir contando. Luego de descubrir eso (que nadie iba a Pimpi) comencé a descubrir que ese es el modelo de la educación y generalmente también de la curación. Siempre se trata de llevar a la persona a un lugar (al conocimiento, a la salud, a los buenos modos) pero nunca a la libertad.

¿Por qué la libertad asusta tanto? Pimpi, con su ternura, me ayudó a comprenderlo.

Recuerdo primero que luego de inútiles intentos de llevarlo a mí, fue cuando descubrí que él, que era el que estaba mal (o, para no ser ostentosos, digamos "el que estaba peor") podía tener el privilegio de ser él quien me llevara a él y a su mundo y entonces acepté la invitación. Descubrí, por ejemplo, que la pelota de fútbol no era para Pimpi para patearla sino para hamacarse con ella. "Hamaquémonos Pimpi, hamaquémonos con la pelota". Un día, al llegar a la clínica, me recibieron como un aluvión. ¿Que había pasado? Pimpi, que no hablaba hacía 8 años me había llamado en la noche, había dicho mi nombre.

Era razonable, me llamaba porque yo fui el único que lo dejó ser él. No traté de fabricar un Pimpi con mis manos, como quien juega con plastilina, yo fui su plastilina para llegar a lo único que vale la pena llegar en esta vida: la libertad.

Como todo termina un día terminaron mis prácticas. Hicimos una despedida a lo gordo, lo saqué de la clínica y nos fuimos a comer. Recuerdo que ese día los dos lloramos. Prometí ir a verlo, cumplí mi promesa tres veces. La primera vez me recibieron y me dijeron que estanba mejor Pimpi, jugamos a hamacarnos con la pelota y cosas así. Pero eso día Pimpi me dijo "juguemos al fútbol, que a vos te gusta". Nunca la dije que me gustaba al fútbol pero Pimpi lo sabía. La segunda vez nuevamente me dijeron que estaba mejor y Pimpi y yo nos abrazamos mucho. Hubo una tercera vez, pero Pimpi ya no estaba. Me recibieron en la clínica con lágrimas en los ojos y me dijeron "Pimpi está mucho mejor y se fue con su familia". Me había dejado un papel, una carta. No la abrí en la clínica, la guardé en mi bolsillo y luego de despedirme salí y la abrí. La carta era un papel doblado que decía con letras grandes "GRACIAS"
LUIS ALBERTO BATTAGLIA
9-7-2009

1 comentario:

Adriana dijo...

bonita hist´ria...